CON LA VIOLENCIA ¿QUÉ HAREMOS?

En los últimos días hemos sido testigos de una nueva oleada de inseguridad y violencia, que no es otra cosa que la conformación del crecimiento de las cifras de actividad delincuencial, fueron asesinados un jefe policiaco, un regidor, un empresario, comandantes, y un cadáver decapitado se incineró frente a una escuela, por citar algunos de los casos más impactantes. A esta repetición de hechos, también vimos la repetición de actitudes, los actores políticos reclamaron, se revivió el debate de “la puerta giratoria”, vino el reparto de culpas, las airadas exigencias de esclarecimiento, de justicia, de castigo a los culpables.

Los ciudadanos vimos la repetición de la película en los medios, y tuvimos nuestros acostumbrados debates de sobremesa, de café, de tienda o de cantina, nunca se había visto eso, si matan a los ricos a nosotros que nos espera, ese andaba en malos pasos, desde el gobierno de sutano todo se descompuso, etc. Un desahogo, con su inevitable carga de morbo, una preocupación contenida, y todos seguimos con nuestra vida, seguros de que en la nueva oleada de violencia, serán otros las víctimas.

No hay en el discurso público, ni en los acalorados alegatos privados, nada que nos impulse a cambiar, pareciera que estamos contentos con el espectáculo, celebramos la cara sudorosa de los gobernantes agobiados frente a un enjambre de micrófonos que  los acosan. Pero no pensamos en hacer algo para acabar con la violencia en nuestras casas, tampoco buscamos como alejarnos y alejar a nuestros hijos de las drogas y los actores políticos van de la insuficiencia, al cinismo, pero nadie se pregunta, nadie plantea que en vez de lamentarnos en la sala de nuestras casas de los muertos, que en vez salir del paso frente a las ejecuciones, necesitamos cambiar nuestra actitud frente al fenómeno, asumir los riegos de cambiar, empezar por nosotros mismos, esto no se va a terminar sólo con la fórmula de  crimen y castigo.

Todos estamos obligados a cumplir con nuestro deber, los cuerpos de seguridad, sin duda, los gobernantes también, pero hace falta algo más que ello, tenemos que sacudir al gobierno para cambie y para ello tenemos que cambiar los ciudadanos. Ir a la raíz de los procesos sociales y económicos, reducir las posibilidades de la violencia y la delincuencia. No queremos las cárceles llenas, queremos menos delitos. Menos raja política y más corresponsabilidad, menos morbo e indiferencia y más labor en la casa y en el barrio.

Por ello la pregunta para nuestra clase política, para los líderes empresariales, para los benefactores y altruistas, para los académicos y estudiosos, a la larga lista de candidatos independientes, a los estudiantes, a los padres de familia a todos, es: quiénes se van a juntar para encabezar una acción de largo aliento que nos lleve a ver las cosas de otra manera, que propicie el compromiso ciudadano para hacer las cosas de otra forma, hagamos justicia si, pero frenemos la violencia entre todos. Sino ¿cómo?

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